En un contexto de integración económica internacional cada vez más profunda, la transición ecológica de la industria alimentaria se ha convertido en una exigencia inevitable para las empresas vietnamitas. Más que una tendencia de consumo, representa una condición clave para que los productos puedan integrarse en las cadenas de suministro globales.
Se prevé que 2026 marque una etapa decisiva para la industria alimentaria mundial, debido al endurecimiento de las normas ambientales, de transparencia y de responsabilidad social. Se estima que el mercado global de alimentos ecológicos superará los 860 mil millones de dólares.
Al mismo tiempo, mercados como la Unión Europea, Estados Unidos y Japón elevan constantemente las exigencias en materia de seguridad alimentaria, trazabilidad, envases y control de emisiones.
En este escenario, contar con un “pasaporte verde” se perfila como un requisito esencial para que las empresas alimentarias de Ciudad Ho Chi Minh puedan acceder al mercado internacional.
Según Ho Thi Quyen, subdirectora del Centro de Promoción del Comercio y la Inversión de Ciudad Ho Chi Minh, las empresas del sector afrontan actualmente tres grandes presiones.
La primera proviene de los consumidores. Hoy en día, los clientes no solo valoran el precio o el sabor, sino también la salud, la nutrición y la seguridad de los productos. Los alimentos con origen claro y estrictos controles de calidad ganan cada vez más preferencia.
La segunda presión viene de los sistemas de distribución y de los socios internacionales. Numerosos minoristas de Europa y Estados Unidos ya incluyen criterios ambientales, de sostenibilidad y responsabilidad social en la selección de proveedores.
Más del 70% de los consumidores a nivel mundial están dispuestos a pagar más por productos respetuosos con el medio ambiente, lo que obliga a las empresas a adaptarse rápidamente a las nuevas demandas del mercado.
La tercera presión corresponde a las políticas y regulaciones. Los mercados de exportación han pasado de incentivar la trazabilidad, el etiquetado y el control de emisiones a exigirlos de forma obligatoria en toda la cadena de suministro. Esto obliga a las empresas no solo a cumplir los estándares, sino también a demostrar ese cumplimiento de manera transparente y constante.
Sin embargo, este contexto también abre oportunidades para que las empresas de Ciudad Ho Chi Minh y del resto del país redefinan su posición dentro de la cadena de valor global.
Actualmente, las exportaciones vietnamitas de productos agrícolas, forestales y pesqueros superan los 50 mil millones de dólares anuales, situando al país entre los mayores exportadores del mundo. No obstante, el valor agregado de los productos sigue siendo limitado, concentrado principalmente en el segmento medio, mientras que el procesamiento de alta gama aún tiene escaso desarrollo.
Según especialistas, las empresas deben dejar de competir únicamente por precio y enfocarse en la calidad, el valor y la reputación. Los socios internacionales ya no buscan solamente proveedores baratos, sino también operaciones estables, transparentes y con capacidad de innovación.
El doctor Hoang Van Viet, presidente de la Comunidad Empresarial Intelectual Global (GIBA), señaló que la principal debilidad de las empresas vietnamitas no radica en sus productos, sino en sus sistemas de gestión y transparencia. Aunque cuentan con capacidad productiva, todavía carecen de estándares sincronizados que faciliten su conexión con los mercados internacionales.
Asimismo, destacó que los estándares funcionan como un “lenguaje común” que permite a las empresas integrarse en el comercio global. Certificaciones como EU Organic o Global GAP representan garantías de calidad que fortalecen la confianza de consumidores y socios comerciales.
Para obtener un “pasaporte verde”, las empresas deben cumplir cuatro requisitos fundamentales: respetar las normativas legales sobre seguridad alimentaria y etiquetado; contar con certificaciones internacionales; garantizar la transparencia y la trazabilidad; y asumir responsabilidades ambientales y sociales en toda la cadena de suministro.
La transición ecológica de la industria alimentaria no solo representa un desafío, sino también una oportunidad para que las empresas vietnamitas incrementen el valor de sus productos, fortalezcan sus marcas y amplíen su presencia en el mercado global./.






