El desarrollo de nuevas tecnologías, especialmente la inteligencia artificial (IA), abre nuevas oportunidades para elevar la productividad y fomentar el crecimiento económico, pero también plantea riesgos e impactos aún difíciles de prever, lo que hace necesario impulsar mecanismos de prueba controlada para evaluar los riesgos, perfeccionar las políticas y facilitar su aplicación en la práctica.
Nuevas oportunidades en el horizonte
En Hanoi, los vehículos sin conductor que transportan pasajeros y mercancías de forma autónoma están empezando a convertirse en una realidad. La ciudad ha autorizado un proyecto piloto controlado de un sistema inteligente de transporte autónomo, que incluye autobuses, robotaxis, robots de limpieza y robots de reparto en el Parque de alta tecnología de Hoa Lac.
Durante los 12 meses de prueba, se prevé que los autobuses autónomos transporten entre 40.000 y 50.000 pasajeros, mientras que los robotaxis realizarían entre 20.000 y 35.000 viajes. Según el Comité Popular de Hanoi, el objetivo es verificar la seguridad, fiabilidad y nivel de preparación de los vehículos autónomos en condiciones reales de tráfico.
En la provincia norteña de Dien Bien, las pruebas de vehículos aéreos no tripulados (UAV) podrían contribuir a superar las limitaciones derivadas de la orografía, la logística y el acceso a servicios en zonas remotas y aisladas. Los vuelos previstos se centrarán en tres grupos de aplicaciones: agricultura inteligente; logística de baja altitud; y gestión de recursos y servicios públicos.
En la agricultura, los UAV pueden utilizarse para la siembra, la aplicación de productos fitosanitarios, el seguimiento de los cultivos y el transporte de insumos. En el ámbito logístico, estos dispositivos pueden transportar medicamentos, suministros médicos, muestras biológicas y productos esenciales a zonas de difícil acceso. También pueden apoyar la topografía, la gestión forestal, la vigilancia de los recursos y la alerta temprana ante desastres naturales.
La experiencia demuestra que las pruebas de nuevas tecnologías no solo se realizan en las grandes ciudades, sino también en localidades con mayores dificultades de acceso y desarrollo. Aunque todavía se encuentran en fase piloto, estos modelos muestran un importante potencial de aplicación, contribuyendo a resolver problemas concretos y a impulsar el desarrollo socioeconómico.
Sin embargo, muchas tecnologías con potencial de aplicación aún no han sido investigadas y aprovechadas de manera eficaz. Por ello, las autoridades y las administraciones locales deben ampliar los mecanismos de prueba adaptados a cada ámbito, a fin de facilitar una aplicación temprana de las soluciones útiles.
Más impulso para el desarrollo tecnológico
Según Nguyen Van Thuat, subdirector del Departamento de Economía y Sociedad Digital del Ministerio de Ciencia y Tecnología, además de los motores tradicionales del crecimiento, Vietnam necesita abrir nuevos espacios de desarrollo basados en la ciencia, la tecnología y la innovación, con el objetivo de crear sectores económicos de mayor productividad y valor añadido.
A su juicio, en los nuevos ámbitos el principal desafío no reside únicamente en la tecnología, sino también en el marco institucional. Esperar a que el sistema jurídico esté plenamente desarrollado antes de poner en práctica estas soluciones podría hacer que se pierdan oportunidades, mientras que su despliegue generalizado sin una evaluación suficiente de los riesgos podría no garantizar los beneficios sociales. Los mecanismos de prueba controlada constituyen, por tanto, una herramienta para abordar este dilema.
Mediante pruebas realizadas dentro de un alcance, un período y unas condiciones determinados, los organismos reguladores pueden evaluar la eficacia en la práctica, identificar riesgos y perfeccionar gradualmente las políticas.
Además de las pruebas piloto, es necesario prestar mayor atención a la comercialización de los productos tecnológicos tras la fase de investigación.
Los parques de alta tecnología no deben limitarse a ser espacios de prueba, investigación y formación de recursos humanos, sino que también deben desempeñar un papel de conexión entre los tres actores, Estado, universidades y empresas, para facilitar la transformación de los resultados de investigación en productos comercializables.
Según el profesor asociado y doctor Ta Hai Tung, vicedirector de la Universidad Politécnica de Hanoi, la cooperación entre universidades y empresas sigue siendo limitada, en parte porque la mayoría de las empresas son pequeñas y medianas y cuentan con recursos reducidos.
Mientras que crear centros de investigación propios requiere grandes inversiones, las empresas pueden encargar a las universidades proyectos de investigación o transferencia tecnológica, lo que les permite acceder a nuevas tecnologías a un menor coste.
A su juicio, el Estado debe desempeñar un papel como proveedor de “capital semilla” para impulsar la cooperación entre universidades y empresas y, de este modo, construir un ecosistema sostenible de investigación, innovación y comercialización tecnológica./.





