27/01/2017 11:45 GMT+7 Email Print Like 0

El incienso y la vida espiritual del vietnamita

Ha Noi, 26 ene (VNA)- El vietnamita no espera al Tet, Año Nuevo Lunar, para encender un incienso, pero cada vez que viene esta fiesta tradicional lo prende para evocar a los antepasados con la convicción de tener una conexión entre el mundo real y el imaginativo.

El vietnamita antiguo no consideraba la muerte como un fin. El fallecido poeta nacional Nguyen Du (1765-1820) definió la defunción como una pérdida corporal; mientras el espíritu subsiste permanentemente con los hijos y nietos.

Encender inciensos significa para los vietnamitas abrir un canal de comunicación con nuestros ancestros.

Según autores de la obra ¨Costumbres de culto en familias vietnamitas¨ publicada en 1996, el espíritu de los muertos influye notablemente en la vida de los vivos. Muchos, por honrar a sus padres fallecidos, no hacen nada mal y tratan de pensar dos veces antes de realizar un trabajo.

Hasta la fecha, no hay ninguna explicación convincente del porqué el vietnamita enciende tres inciensos (o un número siempre impar) para rezar ante un altar.

Algunos explicaron que ese hábito viene de la teoría de ¨Tres objetos valiosos¨ del Budismo.

A la luz del Confucionismo, los tres inciensos representan al cielo, la tierra y el hombre y el número 3 es sinónimo de signo positivo, señaló el monje Thich Thanh Duc.

Se trata de un culto propio del destacado discípulo de Confucio, Tan Tu, quien enseñaba que el que está en el poder debe tener precaución ante las muertes, en particular, y las pérdidas, en general, para recordar el mérito de los antepasados. Esto es una tradición de lealtad, indispensable para consolidar el poder.

Los vietnamitas del siglo XX levantaron el altar Nam Giao, donde ofrecen cultos al Cielo y la Tierra durante los primeros días del año nuevo lunar. Hoy podemos presenciar esta ceremonia en la provincia de Thua Thien-Hue, en el centro del país.

Numerosos libros abordan la vinculación entre el hombre y el mundo espiritual y una demostración de ello radica en que cada vez que hubo hambruna o grave calamidad en el país, el rey efectuaba servicios religiosos para rendir cuentas de su gestión. 
VNA/VNP