El año 2026 marcará el inicio de una nueva etapa para la economía de Vietnam, con previsiones de crecimiento del PIB entre 7,2% y 8%, una mayor calidad en la inversión extranjera directa (IED) y un giro estratégico hacia la innovación, la transición verde y la economía digital.
Hanoi (VNA) El año 2026 marca el inicio de una nueva etapa para la economía vietnamita. En un contexto internacional marcado por la incertidumbre persistente, los análisis externos sobre el país ya no se centran únicamente en las cifras de crecimiento, sino que ponen cada vez más el foco en la calidad, la estructura y la capacidad de adaptación de su economía.
United Overseas Bank (UOB), Citigroup y Standard Chartered pronostican un crecimiento del PIB de Vietnam del 7,2-8 % este año. (Foto: VNA)
Tras la sólida recuperación registrada en 2024 y 2025, el país asiático encara el período 2026-2030 con fundamentos macroeconómicos más firmes, inflación controlada, equilibrio en los principales indicadores y una confianza del mercado que se fortalece de manera gradual.
Según Mariam J. Sherman, directora del Banco Mundial (BM) para Vietnam, Camboya y Laos, Vietnam cuenta con ventajas estratégicas claras: su ubicación en las principales rutas comerciales asiáticas, una base industrial en expansión, una extensa red de tratados de libre comercio y una fuerza laboral competitiva. Estos factores lo mantienen entre las economías más dinámicas del Sudeste Asiático en los informes de perspectivas para 2026.
Las previsiones de entidades financieras como UOB, Citi y Standard Chartered sitúan el crecimiento del PIB en 2026 entre 7,2% y 8%. El impulso provendría de la continuidad de la inversión extranjera directa, especialmente en alta tecnología, semiconductores y energías renovables, así como del fortalecimiento del consumo interno y la recuperación del turismo internacional.
En un escenario más prudente, el Banco Asiático para el Desarrollo, el Fondo Monetario Internacional y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) proyectan una expansión de entre 6% y 6,5%. Aun así, el ritmo superaría con holgura el promedio mundial, reflejando la mayor resiliencia de la economía vietnamita frente a las turbulencias externas.
Uno de los cambios más relevantes en el análisis internacional es la creciente importancia del mercado interno. Con un PIB per cápita que podría superar los 5.000 dólares este año, Vietnam se aproxima al umbral de ingreso medio alto y consolida una clase media con mayor capacidad de consumo. Esto no solo abre oportunidades para las empresas locales, sino que también atrae inversiones orientadas al mercado doméstico.
La calidad de la inversión extranjera también evoluciona. Los nuevos proyectos priorizan la manufactura inteligente, la tecnología avanzada y la energía limpia, desplazando gradualmente el modelo basado en bajos costos laborales. Vietnam deja de ser visto únicamente como una plataforma exportadora y gana peso como eslabón estratégico en las cadenas de valor regionales.
No obstante, las organizaciones internacionales subrayan que, para mantener un alto ritmo de crecimiento y lograr un verdadero despegue, Vietnam debe centrarse en reformas estructurales. La OCDE y el FMI consideran que el margen de crecimiento apoyado exclusivamente en capital y mano de obra se reduce, mientras que la productividad y la innovación emergen como factores decisivos a mediano y largo plazo. Mejorar el clima de negocios, simplificar trámites, fortalecer el mercado de capitales y facilitar la experimentación con nuevos modelos económicos figuran entre las prioridades señaladas.
Asimismo, se subraya la necesidad de profundizar la conexión entre las empresas nacionales y el sector de IED, con el fin de aumentar el valor agregado interno y potenciar la transferencia tecnológica.
En paralelo, la transición verde y digital se consolida como eje estratégico. Las crecientes exigencias ambientales en los principales mercados obligan a las compañías vietnamitas a modernizar procesos y adoptar tecnologías limpias. La inversión en infraestructura sostenible, logística avanzada y economía digital aparece como condición indispensable para sostener la competitividad.
En materia macroeconómica, Vietnam aún dispone de margen de maniobra para mantener la estabilidad. Si bien existen presiones sobre el tipo de cambio y las tasas de interés, los analistas coinciden en que pueden gestionarse mediante una coordinación flexible entre política fiscal y monetaria.
Más que un simple dato de crecimiento, 2026 se perfila como el punto de partida de un ciclo enfocado en calidad, innovación y reformas profundas. La confianza de la comunidad internacional en Vietnam no se sustenta únicamente en las proyecciones numéricas, sino en la percepción de que el país cuenta con bases sólidas para convertir su estabilidad macroeconómica en un auténtico motor de reformas e innovación./.