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Líder partidista destaca economía estatal y cultura como pilares del desarrollo en nueva etapa
El Secretariado del Comité Central del Partido Comunista de Vietnam (PCV) organizó hoy la conferencia nacional para estudiar, difundir y poner en práctica las Resoluciones del Buró Político relacionadas con el perfeccionamiento de la economía estatal y el desarrollo de la cultura nacional.
El evento se celebró de manera presencial, conectado en línea con 27 mil 284 puntos, y transmitido en directo por las canales de televisión y radio, así como en diversas plataformas digitales.
La economía estatal debe convertirse en el “pilar nacional” en la nueva era
Al intervenir en la conferencia, el secretario general del PCV, To Lam, señaló que las resoluciones No. 79-NQ/TW y No. 80-NQ/TW constituyen un complemento a las grandes decisiones estratégicas del Partido, elaboradas a partir de una profunda síntesis de la práctica y del desarrollo del pensamiento teórico, en el contexto de la entrada del país en una nueva etapa de desarrollo.
Dijo que su objetivo es responder simultáneamente a dos exigencias fundamentales: fortalecer la “fuerza interna material” y consolidar la “fuerza interna espiritual”; ratificar la determinación de construir una economía independiente, autosuficiente, dinámica y eficiente, vinculada profundamente al sistema internacional, y de construir una cultura vietnamita avanzada, imbuida de identidad nacional.
To Lam subrayó que la economía estatal debe ocupar verdaderamente “las cumbres estratégicas de mando” de la economía, desempeñar el papel rector y convertirse en un “pilar nacional” en la nueva era.
Consideró que la economía estatal debe realizar aportes de carácter decisivo a la capacidad de autonomía nacional, garantizar la estabilidad y permitir intervenciones oportunas ante la aparición de riesgos sistémicos.
Por ello, en la nueva etapa, el Secretario General exigió que la economía estatal se concrete en cinco “pilares”:
Primero, pilar de seguridad y soberanía económicas. La economía estatal debe poseer y dominar las “arterias vitales” y la “columna vertebral” del país: energía, infraestructuras estratégicas, finanzas y crédito, logística clave, datos y plataformas digitales esenciales, entre otros. Poseerlos no es para establecer monopolios, sino para garantizar la soberanía, evitar la dependencia, actuar con iniciativa ante las fluctuaciones y proteger los intereses nacionales en cualquier circunstancia, además de generar un efecto de arrastre para toda la economía.
Tercero, pilar de liderazgo y orientación para el sector privado. Una economía estatal fuerte no es para desplazar ni eclipsar, sino para convertirse en un “soporte”, “abrir camino” y “dar impulso” para que las empresas privadas participen más profundamente en las cadenas de valor y en el desarrollo de industrias auxiliares, incrementen el grado de contenido local y, a partir de ello, se formen clústeres sectoriales con “locomotoras” capaces de competir a nivel regional y global. Si la economía estatal desempeña adecuadamente su papel orientador, el sector privado contará con un punto de apoyo para crecer de manera sostenible y la fuerza conjunta de la economía se incrementará de forma notable.
Cuarto, pilar de liderazgo en innovación y tecnologías núcleo. Si la economía estatal es fuerte en capital y activos pero débil en tecnología, gobernanza y recursos humanos, no podrá ejercer su papel rector en la nueva era. Hoy, el liderazgo no se mide solo por el tamaño, sino por la capacidad de dominar tecnologías clave, estandarizar conforme a las normas internacionales, gestionar datos como recurso estratégico, garantizar la ciberseguridad y una gestión moderna del riesgo.
Quinto, pilar en cuanto a los estándares de gobernanza e integridad pública en la economía. Las empresas estatales deben ser espacios de disciplina, transparencia y máxima rendición de cuentas; el referente de la gobernanza nacional y la cuna de cuadros directivos competitivos y con espíritu de servicio. No se puede permitir la existencia de “intereses de grupo”, “intereses ocultos”, inversiones guiadas por mandatos de corto plazo, ni pérdidas prolongadas sin una clara atribución de responsabilidades.
To Lam pidió convertir estos cinco “pilares” en programas de acción concretos, con objetivos definidos, indicadores de medición, plazos claros, mecanismos de supervisión y sanciones explícitas. De lo contrario, el papel rector de la economía estatal quedará reducido a meros lemas, y el país tendrá que pagar el precio en forma de desperdicio de recursos, pérdida de competitividad y erosión de la confianza social.
Forjar el temple, la disciplina, la confianza y la fuerza endógena de la nación
En cuanto a la cultura, To Lam destacó que “la cultura debe iluminar el camino de la nación”: una cultura centrada en la persona, fundamento espiritual y fuerza endógena que condensa la sabiduría vietnamita y actúa como motor del desarrollo nacional, independiente, autónomo y resiliente.
Señaló que el mayor desafío cultural hoy no es solo la escasez de recursos, sino el riesgo de erosión de valores, desviaciones de conducta, pragmatismo extremo, violencia verbal, desinformación y la penetración de factores nocivos en el espacio digital. Sin una revitalización oportuna de la cultura, el crecimiento a corto plazo carecerá de soporte a largo plazo: se puede prosperar materialmente, pero empobrecer en normas, autoestima, responsabilidad cívica y aspiración de contribuir.
El máximo dirigente partidista propuso la implementación integral de cinco tareas prioritarias:
Primero, construir y difundir el sistema de valores nacionales y culturales, y normas del ciudadano vietnamita en la nueva época. Un país que aspira a avanzar lejos debe contar con una “brújula” de valores. Dichos valores han de cristalizar tanto la tradición como las aspiraciones modernas; ser lo suficientemente sólidos para orientar el comportamiento social, lo bastante claros para distinguir entre lo correcto y lo incorrecto, lo bueno y lo malo, lo verdadero y lo falso; y lo bastante perdurables para resistir la desviación de normas, la hibridación acrítica y la manipulación en el entorno digital. En ese marco, es preciso destacar cualidades fundamentales como el patriotismo, las buenas costumbres, la disciplina, la integridad, la responsabilidad, la solidaridad humana, la creatividad y la aspiración de superación. Más importante aún, el sistema de valores no puede limitarse a “quedar escrito en documentos”, sino que debe concretarse en programas educativos, en normas del servicio público, en criterios de evaluación de la civilidad comunitaria y en indicadores para medir la calidad del desarrollo.
Segundo, considerar la construcción de un entorno cultural saludable como tarea fundacional. El entorno cultural ha de ser verdaderamente la síntesis de normas de conducta, de actitudes de respeto a la ley, a la verdad, a la dignidad humana, al trabajo y a la contribución social. En particular, en la era digital, el entorno cultural se extiende al ciberespacio, donde la información se propaga con rapidez, las emociones pueden ser fácilmente manipuladas y los contenidos nocivos pueden “envenenar” y generar confusión en la percepción si no existe suficiente capacidad de resistencia. Por ello, es necesario fortalecer la “inmunidad social” frente a las noticias falsas y la información perjudicial, así como construir una cultura de debate civilizado y de comportamiento responsable. Es imprescindible erradicar de manera firme la violencia verbal, las ofensas a la dignidad humana, la incitación al odio, la división y la degradación moral.
Tercero, priorizar la educación y el desarrollo humano como eje transversal de la revitalización cultural. La escuela no solo debe enseñar conocimientos, sino también formar a la persona, inculcar responsabilidad cívica, disciplina y habilidades para la vida. La familia no es únicamente un espacio de sustento material, sino el lugar donde se forjan la personalidad, las normas de convivencia y el sentido de la dignidad. La comunidad no solo proporciona un ámbito de interacción, sino que debe crear un entorno que honre el bien, fomente el trabajo, incentive el aprendizaje y estimule la contribución social. La revitalización cultural debe comenzar por los aspectos más cercanos y cotidianos: el respeto a la ley, el respeto a los demás, la honestidad, la decencia, la responsabilidad y el espíritu de servicio a la comunidad, el principio de “uno para todos”, en el que cada persona asume su responsabilidad con la sociedad.
Cuarto, desarrollar las industrias culturales para que la cultura sea a la vez base espiritual, recurso económico y poder blando nacional. Una cultura fuerte se mide también por su capacidad creativa y de producir bienes culturales de alta calidad con alcance y mercado, impulsando ciencia, tecnología y transformación digital, protegiendo derechos de autor, construyendo ecosistemas de innovación y atrayendo talento.
Quinto, construir cultura dentro del sistema político como raíz de la confianza social. La cultura en el Partido debe ser ejemplar, coherente entre palabras y hechos, respetuosa del honor y la disciplina, y dedicada al servicio del pueblo. Cada cuadro y militante debe irradiar integridad y responsabilidad. No puede haber cultura social sólida si la cultura administrativa es formalista, burocrática o irresponsable.
El líder partidista concluyó que ambas resoluciones forman una estructura de desarrollo unificada y complementaria: la Resolución 79 crea la fuerza interna material para la estabilidad y la autonomía; la Resolución 80 promueve la fuerza interna espiritual para forjar el temple, la disciplina, la confianza y la fuerza endógena de la nación.
Subrayó que lo decisivo es la implementación e instó a todos los niveles y sectores a elaborar planes de acción concretos, con responsabilidades claras, especialmente de los dirigentes, y a corregir de inmediato la evasión de responsabilidades y el formalismo.
Expresó su confianza en que, con alta determinación política, la participación coordinada de todo el sistema político y de la sociedad en su conjunto, y con un espíritu de unidad, disciplina y aspiración de superación, las dos Resoluciones se llevarán rápidamente a la práctica, generarán transformaciones claras y contribuirán a la construcción de un Vietnam que se desarrolle de manera rápida y sostenible, independiente, autónomo y resiliente en la nueva etapa./.
VNA/VNP

