La tendencia de moldear cerámica artesanal que atrae a los jóvenes de Ciudad Ho Chi Minh
Los fines de semana, en medio del vibrante ritmo de
Ciudad Ho Chi Minh, muchos jóvenes ya no acuden a los centros comerciales ni a
las cafeterías concurridas. En su lugar, eligen pequeños talleres de cerámica
escondidos en callejones tranquilos para pasar unas horas sentados frente al
torno, amasando arcilla en silencio con sus propias manos.
En un espacio con aroma a tierra húmeda y el sonido constante del torno, el ruido de la ciudad parece quedar atrás. A través de cada vuelta y de cada movimiento lento de moldeado, los bloques de tierra van tomando la forma de una taza, un florero o un plato con el sello personal de su creador. No se trata solo de una experiencia artesanal, sino también de un raro momento de calma en medio de la vida moderna.
En los últimos años, los talleres de cerámica artesanal
se han convertido en un punto de encuentro habitual para la juventud de Ciudad
Ho Chi Minh, desde escolares y universitarios hasta oficinistas y parejas jóvenes
que desean compartir una actividad diferente. Muchos llegan por curiosidad tras
ver videos en redes sociales, pero vuelven una y otra vez atraídos por la
sensación de paz que les brinda la alfarería.
A diferencia de otras formas de entretenimiento moderno,
moldear cerámica exige pausa. Se debe aprender a ser paciente, concentrarse y
sentir cada movimiento de las manos. Un solo instante de distracción puede
hacer que la pieza en proceso se incline o se derrumbe después de unas pocas
vueltas del torno. Por ello, cada obra terminada es fruto de la meticulosidad y
la perseverancia
Tran Chau Phuong Thanh, instructora del taller Hien
Concept, señala que lo más valioso de estas clases no radica en elaborar un
objeto hermoso, sino en el proceso creativo de cada persona.
"Cuando las manos entran en contacto con la arcilla y el torno empieza a girar, toda la atención se centra en el bloque de tierra. Las presiones del trabajo y de la vida diaria parecen desvanecerse. Cada pieza conserva una impronta muy personal, y eso es lo verdaderamente valioso", compartió Phuong Thanh.
Para completar una pieza de cerámica, los participantes
deben atravesar varias etapas: amasar la tierra, dar forma, retocar, secar, esmaltar
y hornear a altas temperaturas. El resultado final suele entregarse tras unas
semanas.
Para Ly Hieu Quynh, estudiante de tercer año de la
Universidad de Lenguas Extranjeras e Informática de Ciudad Ho Chi Minh, su
primera clase de cerámica le dejó emociones inesperadas.
"Me inscribí tras ver las publicaciones de mis
amigos en redes sociales. Al principio solo pensaba probar por curiosidad, pero
al empezar a girar el torno y moldear la arcilla, me olvidé por completo del celular
y del estrés de los estudios. Las dos horas pasaron volando. Mi primera taza
quedó un poco torcida, pero la conservo porque es el primer objeto hecho con
mis propias manos", expresó Quynh.
Además de ofrecer momentos de relajación, estos talleres
contribuyen a acercar el arte cerámico tradicional a las nuevas generaciones. A
través de cada fase del proceso los asistentes comprenden mejor la dedicación
que requiere la alfarería, un oficio artesanal ligado a la vida del pueblo
vietnamita durante siglos. De este modo, los valores tradicionales perduran
mediante un enfoque cercano y adaptado a la vida contemporánea.
El auge de estos talleres refleja una tendencia de estilo
de vida cada vez más marcada entre la juventud. Frente al rápido desarrollo
urbano y la presencia constante de las redes sociales, muchos buscan en las
actividades artesanales una forma de desacelerar, alejarse de las pantallas y
reconectar consigo mismo a través de experiencias auténticas.
Al caer la tarde, cuando la luz del sol se cuela por los ventanales del pequeño taller, las tazas y floreros aún húmedos reposan ordenadamente en los estantes a la espera del secado.
En una ciudad que nunca se detiene, los pequeños talleres de cerámica mantienen sus luces encendidas cada fin de semana para recibir en silencio a los jóvenes que buscan reencontrarse con la tierra, el fuego y ellos mismos. Quizás, lo que se llevan a casa tras cada sesión no es solo un objeto de cerámica, sino también una sensación de paz, equilibrio y la alegría de haber creado valor con sus propias manos/.
Por VNP/Thong Hai
















