Las cuatro estaciones en los campos vietnamitas
Desde las llanuras hasta las zonas costeras, desde los arrozales dorados hasta las resplandecientes salinas o los coloridos cultivos florales, los campos vietnamitas componen un vibrante mosaico de trabajo y vitalidad. A lo largo de las cuatro estaciones — primavera, verano, otoño e invierno— cada paisaje revela una belleza singular, reflejo de dedicación y creatividad.
Alo largo del territorio vietnamita, con forma de letra S, los campos han estado estrechamente ligados a la vida y la cultura de sus habitantes. No son solo espacios de producción, sino también símbolos de fertilidad y de una tradición laboral transmitida de generación en generación.
Cada estación transforma el paisaje rural con colores y atmósferas propias. En primavera, los campos florales se cubren de crisantemos dorados, flores de mai amarillo (Ochna integerrima) y otras especies ornamentales que anuncian la llegada de un nuevo ciclo. Es también una época de intensa actividad para los agricultores, quienes cuidan, riegan y podan las flores destinadas al mercado, especialmente durante la celebración del Año Nuevo Lunar. Estos campos se han convertido además en atractivos destinos turísticos que generan ingresos adicionales para las comunidades locales.
Durante el verano, extensas plantaciones de maíz y otros cultivos se despliegan bajo el sol con una exuberante tonalidad verde. Las altas plantas de maíz, combinadas con frijoles, batatas y cacahuetes, crean un panorama lleno de vida. Es la temporada en que los agricultores dedican sus esfuerzos al cuidado de las siembras, preparando el terreno para la futura cosecha.
Con la llegada del otoño, los arrozales alcanzan su momento más hermoso. Los campos maduros se transforman en inmensos mares dorados que parecen extenderse hasta el horizonte. Desde las primeras horas de la mañana, los agricultores salen a cosechar. El sonido de las hoces segando el arroz se mezcla con el de las cosechadoras, creando un dinámico ritmo de trabajo. Las espigas maduras, dobladas por el peso de los granos, son el fruto de meses de labor paciente y dedicación.
En las provincias costeras, como Quang Ninh, Quang Ngai o Ca Mau, la estación seca coincide con la temporada de producción de sal. Bajo un sol intenso, el agua marina se evapora lentamente, dejando sobre la tierra una brillante capa blanca. La imagen de los salineros recogiendo la sal al amanecer constituye una de las estampas más características de las regiones costeras vietnamitas.
Más allá de su valor económico, los campos forman parte esencial del patrimonio paisajístico y cultural del país. El dorado de los arrozales maduros, el verde de los cultivos, el blanco de las salinas y la diversidad cromática de los sembrados de flores se combinan para crear un cuadro cambiante a lo largo del año. Es una auténtica sinfonía entre la naturaleza y el ser humano, que expresa la vitalidad y la resiliencia de este mundo rural./.
Por: VNP/Bich Van - Fotos: VNP y VNA











