Huellas francesas atemporales
Desde la Catedral de Notre-Dame y la Oficina Central de Correos hasta las antiguas villas, la arquitectura francesa se ha convertido en una parte inseparable del paisaje urbano de Ciudad Ho Chi Minh. Más allá de su valor como construcciones, estas obras representan memoria viva sobre el intercambio cultural y el desarrollo urbano a lo largo de generaciones.
En medio de los modernos rascacielos de cristal y del incesante movimiento de personas en las grandes avenidas del centro, las obras de arquitectura francesa siguen presentes como huellas que desafían el paso del tiempo en Ciudad Ho Chi Minh. Más de un siglo después de su construcción, estas edificaciones de singular belleza arquitectónica se han convertido en parte de la memoria urbana, contribuyendo a forjar la identidad propia de una ciudad dinámica y abierta al mundo.
Esa impronta comenzó en la segunda mitad del siglo XIX, cuando los franceses planificaron Saigón siguiendo el modelo urbano occidental. Muchos expertos consideran que el mayor valor dejado por este período no radica únicamente en los edificios individuales, sino en una visión de planificación moderna con un sistema bien organizado de avenidas, plazas, parques y espacios públicos. Esa base contribuyó significativamente a definir la fisonomía urbana de la actual Ciudad Ho Chi Minh.
Sin embargo, lo que explica la permanencia de la arquitectura francesa en Ciudad Ho Chi Minh no es una simple reproducción de modelos europeos. Según los investigadores, estas construcciones son el resultado de un singular proceso de intercambio y adaptación cultural. Para responder al clima tropical cálido y húmedo, los arquitectos incorporaron amplios corredores, persianas para la ventilación, techos inclinados para el drenaje de la lluvia y numerosos detalles inspirados en la cultura local. La combinación de las técnicas constructivas occidentales con el espíritu oriental dio origen al característico estilo arquitectónico indochino, que hoy constituye una parte única del patrimonio de Vietnam.
El arquitecto Nguyen Truong Luu afirma que la capacidad de acoger nuevos valores sin perder la propia identidad ha sido una característica distintiva de Saigón a lo largo de distintas épocas. Esto se refleja claramente en las obras arquitectónicas que aún se conservan hoy en día, donde los valores importados han sido adaptados e integrados a la vida y la cultura local.
Al recorrer el centro urbano, los visitantes encuentran fácilmente construcciones que se han convertido en símbolos emblemáticos. La Catedral de Notre-Dame, con sus llamativos ladrillos rojos y su estilo románico combinado con elementos góticos; la Oficina Central de Correos, con su elegante estructura abovedada de acero; el Teatro Municipal, que exhibe la belleza clásica francesa; o la sede del Comité Popular de la ciudad, cuya arquitectura majestuosa recuerda a un castillo europeo. Más que simples atracciones turísticas, estos edificios constituyen piezas fundamentales de la memoria colectiva de varias generaciones de habitantes urbanos.
Por otra parte, el Museo de Bellas Artes de Ciudad Ho Chi Minh, antigua residencia del empresario Hua Bon Hoa, muestra una armoniosa fusión entre la arquitectura occidental y las artes decorativas orientales. Este lugar es también un claro testimonio del carácter multicultural que ha contribuido a forjar la identidad de Ho Chi Minh./.
Por VNP/Son Nghia - Fotos: Nguyen Luan


















