Preservando el alma de Ke Moc en la fiesta de las cinco aldeas

Preservando el alma de Ke Moc en la fiesta de las cinco aldeas

En el flujo persistente de la historia nacional, cada territorio antiguo ha ido forjando su propio sistema de costumbres, creencias y prácticas culturales, reflejo de la vida espiritual de la comunidad a lo largo de generaciones. Para los habitantes de Ke Moc, zona situada en la ribera sur del río To Lich, al suroeste de la antigua capital Thang Long, esos valores se condensan de forma nítida en su fiesta tradicional más representativa: la festividad de las cinco aldeas Moc, un patrimonio cultural inmaterial con una fuerte impronta de la cultura de la capital histórica.

Los palanquines sagrados se concentran en el patio de la casa comunal para la realización de los rituales antes de iniciar la procesión. Foto: Cong Dat/VNP

Ke Moc es el nombre popular de la región de Nhan Muc, uno de los asentamientos más antiguos de Thang Long. A lo largo del tiempo, este territorio se ha dividido en varias unidades administrativas y aldeas. Entre ellas, Nhan Muc Mon agrupa cinco localidades: Giap Nhat, Quan Nhan, Chinh Kinh, Cu Loc y Phung Khoang, conocidas colectivamente como las “cinco aldeas Moc”. Se trata de una comunidad estrechamente vinculada por la geografía, la historia y la vida cultural, que conforma hoy un espacio sociocultural singular en pleno tejido urbano de Hanói.

La procesión de palanquines es el ritual más destacado del festival de las cinco aldeas Moc. FOTO: CONG DAT/VNP
La procesión se desplaza pausada y solemnemente por las calles de la región de Nhan Muc. Foto: Cong Dat /VNP

En la vida espiritual de sus habitantes, el culto a los genios tutelares ocupa un lugar central. Cada aldea cuenta con su casa comunal, concebida como espacio ritual para venerar a su deidad protectora. Esas figuras no solo representan a personajes con méritos históricos, sino que encarnan valores morales, creencias y una dimensión simbólica de protección para la comunidad. 

Sobre esta base se ha configurado, generación tras generación, la fiesta de las cinco aldeas como una práctica cultural compartida en toda la región de Ke Moc. La celebración tiene lugar del día 10 al 12 del segundo mes lunar, cuando las procesiones trasladan a las deidades en un recorrido primaveral por las aldeas, en un gesto simbólico de contemplación del territorio y de invocación por la prosperidad, la paz y la armonía social.

El palanquín sagrado pasa por las zonas residenciales, reflejando el estrecho vínculo entre las creencias religiosas y la vida cotidiana. Foto: Cong Dat/VNP
Los portadores coordinan sus movimientos para mantener el equilibrio del palanquín. FOTO: CONG DAT/VNP
 
Movimientos de danza armoniosos evocan la vida cultural tradicional del delta del norte. FOTO: CONG DAT/VNP

A diferencia de otras festividades locales, esta posee un marcado carácter intercomunal, reflejo del fuerte sentido de cohesión social. Según la tradición, las aldeas se alternan en la organización del evento, que se celebra de forma solemne y coordinada. Durante la fiesta, los rituales de procesión y ofrenda se desarrollan con rigor, escenificando el recorrido de las deidades por el espacio común y canalizando los deseos colectivos de estabilidad y abundancia.

Esta actividad recrea prácticas tradicionales de culto de las cinco aldeas Moc. FOTO: CONG DAT/VNP
La procesión de palanquines propicia un rico ambiente cultural en las calles. FOTO: CONG DAT/VNP
Los portadores coordinan sus movimientos para mantener el equilibrio del palanquín. FOTO: CONG DAT/VNP
 

El espacio festivo se articula en torno a las casas comunales de las distintas localidades —Phung Khoang, Quan Nhan, Cu Chinh, Giap Nhat, entre otras—, cada una de ellas punto de convergencia de historia, arquitectura y creencias. Su participación conjunta no solo pone de relieve los vínculos entre las aldeas, sino que evidencia una concepción comunitaria que trasciende los límites tradicionales del ámbito local, constituyendo un rasgo distintivo dentro de la cultura tradicional vietnamita.

La procesión avanza hacia la casa comunal de la aldea, un punto de parada clave en el espacio festivo. Foto: Cong Dat/VNP
Subiendo el palanquín sagrado por las altas escalinatas que conducen a la casa comunal de la aldea exige una coordinación hábil y armoniosa por parte de los portadores para mantener el equilibrio, preservando al mismo tiempo la solemnidad del ritual. Foto: Cong Dat/VNP
El palanquín sagrado se detiene ante el patio de la casa comunal para la realización de los rituales de recepción. Foto: Cong Dat/VNP

Más allá de los rituales sagrados, la festividad también da cabida a diversas expresiones culturales populares, juegos tradicionales y representaciones escénicas de carácter local. Estas actividades enriquecen la vida espiritual de la comunidad y transmiten valores estéticos, éticos y formas de vida heredadas de generación en generación./.

  • Por VNP/Cong Dat

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