Fascinación por la «gema turquesa» de Hon Son
En medio de las aguas azul profundo del suroeste de Vietnam, Hon Son emerge como una gema turquesa en alta mar. Los frondosos bosques, las singulares formaciones rocosas, las aguas cristalinas y el ritmo de vida sencillo de los habitantes de esta comunidad pesquera confieren a la isla un atractivo propio. Lejos del bullicio, Hon Son conquista a los visitantes con su belleza prístina y su ambiente sereno.
El viaje a Hon Son suele comenzar a bordo de un ferry de alta velocidad que surca las aguas mar adentro. Desde lejos, el verde de las montañas y los bosques comienza a dibujarse en medio de la inmensidad del mar. A medida que la embarcación se acerca a la isla, se hacen cada vez más visibles los contornos de una tierra que aún conserva buena parte de su carácter prístino. El sistema de transmisión eléctrica tendido sobre el mar destaca sobre la superficie del agua, llevando luz y las condiciones esenciales para la vida y la producción de los habitantes de esta remota isla.
La carretera que circunvala la isla, de unos 16 kilómetros de longitud, ofrece un recorrido ideal para apreciar plenamente la belleza de Hon Son. A un lado, el mar azul se extiende hasta el horizonte; al otro, las laderas de las montañas están cubiertas de vegetación. A lo largo de la costa, grandes bloques de roca de formas singulares se apilan unos sobre otros, formando «atalayas» naturales orientadas hacia el mar. Entre las formaciones rocosas se suceden playas de fina arena blanca, aguas cristalinas y hileras de cocoteros que proyectan su sombra sobre la orilla.
Al adentrarse en la isla, el paisaje marino e insular da paso al verde de las montañas y los bosques. Pequeños arroyos serpentean entre las rocas y nacen en la zona de Ma Thien Lanh, creando un espacio fresco y tranquilo. Para quienes disfrutan de la exploración, este es un lugar donde pueden alejarse temporalmente del ritmo de la vida urbana y reencontrarse con la naturaleza.
Pero Hon Son no solo ofrece paisajes hermosos. El «alma» de la isla también reside en la vida sencilla de una comunidad cuyos habitantes han estado ligados al mar durante generaciones.
En los embarcaderos y muelles, la vida de la comunidad pesquera comienza desde muy temprano. Las embarcaciones regresan de faenar y las capturas de pescado, camarones y calamares son descargadas en tierra entre las voces de los pescadores que se llaman unos a otros. En el muelle, las mujeres trabajan con agilidad para desenredar las redes y clasificar los productos del mar; mar adentro, los pescadores curtidos por el sol se preparan para una nueva jornada de pesca. La vida cotidiana sigue siendo dura, pero está impregnada de la apertura, la cordialidad y el optimismo característicos de los habitantes de las zonas costeras.
La vida cultural de la isla también posee rasgos propios que se han conservado a través de generaciones. Los rituales y creencias vinculados al mar, incluida la preparación de la procesión de un modelo de embarcación con motivo de las festividades tradicionales, expresan el agradecimiento de los habitantes al mar y sus deseos de condiciones climáticas favorables, viajes seguros y abundantes capturas.
Por ello, al llegar a Hon Son, los visitantes no solo pueden contemplar el mar, sino también experimentar directamente la vida de los isleños. Una jornada de pesca o de pesca de calamares desde las formaciones rocosas al caer la tarde basta para dejar recuerdos inolvidables. Entre el sonido de las olas y el viento marino que sopla con fuerza, la alegría puede reducirse a algo tan sencillo como sacar del agua un calamar recién capturado.
Con el desarrollo del turismo, Hon Son va incorporando gradualmente nuevos establecimientos de alojamiento, homestays y servicios para los visitantes. Muchos de ellos están diseñados en armonía con la naturaleza, con materiales y una arquitectura sencillos que buscan minimizar la alteración del paisaje. Cuando cae el sol, las luces de los senderos junto al mar y de las pequeñas casas cobijadas entre los árboles hacen que el espacio insular adquiera un ambiente aún más sereno y romántico.
La gastronomía también constituye una parte indispensable de la experiencia de descubrir Hon Son. Los productos del mar frescos procedentes de las jornadas de pesca, como cangrejos, camarones mantis, calamares y pescados, se preparan de manera sencilla, pero con sabores intensos. A ello se suma el pollo asado al ajo, un plato que combina los sabores de la montaña y el bosque con las formas de preparación de los habitantes locales y que constituye otra experiencia culinaria que merece la pena probar.
Hon Son no necesita grandes construcciones ni bullicio para cautivar a los visitantes. El atractivo de la isla reside en el azul del mar, el verde de los bosques, las formaciones rocosas modeladas por años de oleaje y, sobre todo, en la sencillez y autenticidad de las personas que mantienen día a día sus vínculos con el mar.
En medio de las aguas del suroeste de Vietnam, cada vez más conocidas en el mapa turístico, Hon Son conserva una belleza propia: sencilla, apacible, pero llena de vitalidad. Ese es precisamente el valor que debe preservarse para que la «gema turquesa» en alta mar desarrolle un turismo verde y sostenible y, al mismo tiempo, se convierta en un destino de gran identidad cultural en la región marítima e insular del sur de Vietnam./.
Por: Nguyen Luan/VNP













