El proceso de siembra y restauración de corales en la isla de las perlas de Phu Quoc
Bajo las aguas de color verde esmeralda que rodean el archipiélago de An Thoi, cada día se libra una batalla silenciosa, pero llena de perseverancia. No se oye el estruendo de los motores de las máquinas, sino únicamente la respiración acompasada a través de los tubos de buceo de buceadores, científicos y amantes del mar. Todos comparten una misión especial: trasplantar, cultivar y restaurar los arrecifes de coral, considerados la “selva tropical bajo el océano” de Phu Quoc.
Phu Quoc es conocida desde hace tiempo por albergar uno de los ecosistemas marinos más ricos de Vietnam. Este archipiélago cuenta con más de 252 especies de corales duros, 19 especies de corales blandos y cientos de especies de peces y otros organismos marinos. Los arrecifes que rodean los islotes de May Rut, Mam Banh y Dam Ngang fueron en su día auténticos mantos de vivos colores, capaces de cautivar a cualquier visitante que tuviera la oportunidad de sumergirse en sus aguas.
Sin embargo, la presión derivada del rápido desarrollo turístico y del
cambio climático global ha asestado un duro golpe a este frágil ecosistema. El
fenómeno de El Niño provoca un calentamiento anormal del agua del mar, lo que
da lugar a episodios generalizados de blanqueamiento coralino (bleaching)
y causa la muerte de numerosos ejemplares de coral de gran antigüedad. El
fondeo indiscriminado de embarcaciones turísticas rompe directamente los
arrecifes de coral duro. A ello se suman los daños ocasionados por los turistas
que pisan accidentalmente los corales mientras bucean para observarlos, así
como los residuos plásticos marinos y las redes y otros aparejos de pesca
abandonados, que amenazan la supervivencia de la fauna marina.
Además, las prácticas pesqueras destructivas reducen drásticamente las poblaciones de especies que contribuyen al equilibrio del ecosistema, como los peces que se alimentan de algas. Esto favorece la proliferación de algas, que invaden el espacio de los corales jóvenes y dificultan su desarrollo. Muchas zonas marinas que antes rebosaban de vida se han convertido gradualmente en auténticos “cementerios blancos” bajo el océano, lo que pone de manifiesto la urgencia de actuar antes de que sea demasiado tarde.
Ante el grave riesgo de degradación, los conservacionistas del Área de
Conservación Marina de Phu Quoc, con el apoyo de empresas de turismo ecológico
y de la comunidad local de buceadores, han puesto en marcha una campaña de
restauración de los arrecifes de coral. Cultivar corales bajo el agua exige una
meticulosidad, una paciencia y unos conocimientos especializados tan rigurosos
como los necesarios para reforestar terrenos en tierra firme.
Los científicos recurren a técnicas de microfragmentación y trasplante.
Primero seleccionan colonias de coral sanas, vigorosas y con una elevada
tolerancia al calor en su entorno natural. Después, las cortan en pequeños
fragmentos de apenas unos centímetros. Estos fragmentos se trasladan a viveros
submarinos, donde reciben cuidados hasta alcanzar un tamaño adecuado. Cuando
los corales jóvenes cumplen los requisitos necesarios, los buceadores los
llevan a las zonas que necesitan restauración. Allí se fijan a sustratos
artificiales de hormigón poroso, estructuras especiales de acero o rocas
naturales, mediante adhesivos biológicos o cuerdas resistentes que no dañan el
medio ambiente. Esta fijación evita que las olas desplacen los fragmentos o que
queden enterrados bajo la arena.
Cultivar corales ya es difícil, pero protegerlos para que crezcan resulta mucho más arduo. Los buceadores encargados de la restauración deben realizar inmersiones periódicas cada semana para limpiar los viveros submarinos y retirar las algas adheridas a los corales jóvenes, evitando que les quiten espacio vital y luz. Esta labor perseverante se prolonga durante meses, ya que los corales crecen muy lentamente. Los corales ramificados crecen, en promedio, entre 10 y 15 centímetros al año, mientras que los corales masivos apenas aumentan entre 1 y 2 centímetros.
Tras años de esfuerzos constantes, las zonas grises del fondo marino de Phu
Quoc comienzan a recuperar poco a poco sus colores. En áreas de protección
estricta, como Hon Rom y Bai Can, la tasa de supervivencia de los corales
trasplantados alcanza entre el 75 % y más del 80 %. Las extensas ramas de los
corales del género Acropora se han convertido en un «hogar» que da
cobijo a bancos de peces damisela, peces payaso, langostas y tortugas marinas,
que regresan para habitar estos espacios.
El éxito de los proyectos de restauración coralina no solo contribuye a recuperar el ecosistema, sino que también está transformando la manera de concebir el turismo en la isla de las perlas. Las empresas de buceo de Phu Quoc aplican estrictamente la regla de “No tocar, no pisar y no dejar basura” y están pasando de un modelo turístico basado en la explotación de los recursos a otro centrado en la experiencia y la educación ambiental. Los visitantes pueden inscribirse en actividades de recogida de residuos del fondo marino, asistir a charlas sobre ecología marina e incluso contribuir a la financiación de los proyectos o colocar ellos mismos fragmentos de coral bajo la supervisión de especialistas.
La restauración de los arrecifes de coral de Phu Quoc demuestra de forma palpable que, cuando los seres humanos están dispuestos a reparar los daños que han causado a la naturaleza, el océano puede renacer con fuerza. Los pequeños corales que crecen en las aguas de un azul intenso no solo ayudan a proteger la costa del embate de las olas, sino que también contribuyen a preservar la belleza prístina de la isla de las perlas para las generaciones futuras.
- Por: VNP/Nguyen Nam
- Fotos: Archivos









