El amor de una familia francesa por los niños vietnamitas
Unidos a Vietnam por lazos familiares y una profunda sensibilidad humana, un matrimonio francés ha visitado el país de manera constante, llevando consigo acciones sencillas pero llenas de significado para apoyar a niños en situación desfavorecida.
El señor Bitrou y la señora Grollier regresan incansablemente a Vietnam para brindar, de manera discreta, su apoyo a niños en
situación vulnerable. FOTO: THANH GIANG/VNPDesde hace más de una década, el señor Bitrou y la señora Grollier regresan incansablemente a Vietnam para brindar, de manera discreta, su apoyo a niños en situación vulnerable. Esas iniciativas trascienden lo material y encarnan la continuidad de un lazo profundo y afectuoso con este país y su gente.
Para Grollier, cada regreso a Vietnam tiene un matiz aún más íntimo. Su padre es originario de Hanói, y ella siempre ha considerado a Vietnam como su segunda patria. Ese vínculo se fortaleció cuando el matrimonio decidió adoptar a dos niñas vietnamitas tras tener dos hijos biológicos. Vinieron por primera vez en 1998 durante cuatro semanas para adoptar a Amandine, y regresaron en 2006 para adoptar a Jade. Con el fin de conectar a sus hijas con su herencia y fomentar en ellas el espíritu solidario, Grollier fundó la asociación “Les Étoiles d’Hanoi” (Las Estrellas de Hanói), reuniendo a amigos internacionales y a personas que aman Vietnam para participar en actividades de apoyo a la infancia.
A través de la organización, se enfocan en escuelas con estudiantes de escasos recursos, con el objetivo de mejorar sus condiciones de aprendizaje. Más allá de las donaciones, estas acciones contribuyen a conectar personas y fortalecer la comprensión y la amistad entre Vietnam y Francia.
A pesar de una agenda exigente, la familia conserva la costumbre de regresar a la nación indochina cada año. Incluso cuando sus hijas no pueden acompañarlos por sus estudios, la pareja sigue viajando. Para sostener su labor solidaria, organizan anualmente una o dos actividades de recaudación en Francia, con el apoyo de amigos y de la comunidad.
En la escuela Linh Nam, además de entregar los obsequios, participaron en la ceremonia de izado de la bandera y escucharon a los alumnos cantar el himno nacional, lo que les permitió percibir su orgullo y disciplina. También recorrieron las aulas para conversar con los estudiantes y conocer de cerca sus realidades y aspiraciones, con el fin de ofrecer un apoyo más adecuado.
Grollier expresó: “Para mí, la mayor recompensa es la sonrisa de los niños. Esa es también la motivación para seguir vinculada a Vietnam y continuar con estas actividades solidarias en el futuro”.
Al regresar a Francia, la pareja lleva consigo no solo recuerdos, sino también el impulso de seguir difundiendo valores positivos. Con el paso del tiempo, sus acciones sencillas pero constantes se han convertido en un verdadero “puente del amor”, que conecta personas y alimenta la esperanza de los niños menos afortunados de Vietnam./.
Por VNP/Tran Van Fotos: Thanh Giang

















