Una pequeña joyería en el corazón de la gran ciudad

Entre las filas de joyerías bulliciosas, resplandecientes bajo luces doradas y vitrinas repletas de piezas modernas en la calle de Hang Bac, existe una sorprendentemente pequeña. Sin rótulos llamativos ni iluminación deslumbrante, la joyería Hong Chau del artesano Nguyen Chi Thanh conserva, día tras día, el sonido seco y constante del martillo, creando un espacio sencillo y sereno, en marcado contraste con el ritmo acelerado de la ciudad exterior.

Al cruzar el umbral, se tiene la sensación de haberse apartado del bullicio para regresar a un Hanói antiguo. El espacio es reducido, apenas suficiente para una mesa de trabajo, unas cuantas sillas de madera gastadas y una vitrina que exhibe piezas hechas a mano. La luz amarillenta cae suavemente sobre el rostro concentrado del veterano artesano; sus ojos siguen cada limado, cada golpe de martillo, como si cada joya no fuera solo un objeto, sino también el relato silencioso de toda una vida dedicada al oficio.

Nacido en una familia con cinco generaciones de tradición en la orfebrería, Nguyen Chi Thanh comenzó a aprender el oficio a los 14 años. Recuerda que, en aquellos tiempos, la calle de Bac no era tan deslumbrante como hoy: los talleres se sucedían uno tras otro y el sonido de los martillos resonaba durante toda la noche. “La plata era escasa, pero los artesanos valoraban profundamente su trabajo y consideraban cada prenda como un motivo de orgullo”, rememora.

Hoy, fuera de su taller, las máquinas modernas, los moldes industriales y la tecnología han sustituido gran parte del trabajo manual. Muchas tiendas producen en pocas horas decenas de piezas idénticas. Para el señor Thanh, en cambio, un anillo o un par de pendientes puede requerir dos o tres días, incluso una semana entera, para completarse. Cada pieza es única, irrepetible, porque —como él dice— “lleva la huella dactilar del artesano”.

No son pocos los visitantes que llegan a la tienda movidos por la curiosidad, preguntándose por qué, entre tantos establecimientos lujosos, existe un lugar tan sobrio. Se sorprenden al ver herramientas que parecen sacadas de un museo: un fuelle antiguo, pequeños martillos, limas de todos los tamaños y viejos trozos de cuero usados para pulir la plata. Para Nguyen Chi Thanh, esos instrumentos son el alma del oficio. La tecnología puede ser rápida y precisa, pero no transmite emoción; los productos hechos a mano, en cambio, conservan el aliento de quien los crea.

En medio de la gran ciudad, la pequeña joyería Hong Chau sigue fiel a los métodos heredados de sus antepasados. Silenciosa, perseverante y llena de orgullo. En el sonido rítmico del martillo que se repite cada día, se percibe el pulso pausado del casco antiguo de Hanói, y se comprende que los valores de antaño aún se preservan gracias al amor de un orfebre que ha dedicado casi toda su vida a un oficio tradicional./.



top