Descubriendo Vietnam

Long Bien: el puente que une los recuerdos

En medio del río Rojo, los tramos del puente Long Bien siguen uniendo silenciosamente ambas orillas y, al mismo tiempo, los recuerdos de Hanói. Más de un siglo después de su construcción, se ha convertido en testigo de la historia, conservando las huellas culturales y los relatos cotidianos de numerosas generaciones de capitalinos.

 

En medio del río Rojo, los tramos del puente Long Bien siguen uniendo silenciosamente ambas orillas y, al mismo tiempo, los recuerdos de Hanói. Más de un siglo después de su construcción, se ha convertido en testigo de la historia, conservando las huellas culturales y los relatos cotidianos de numerosas generaciones de capitalinos.

Sobre el río Rojo se han construido numerosos puentes modernos, como Chuong Duong, Vinh Tuy, Thanh Tri, Thang Long y Nhat Tan, que asumen la importante función de conectar ambas orillas y facilitar el tráfico. Sin embargo, el puente Long Bien tiene una misión especial: ser un lugar que guarda los recuerdos de Hanói. FOTO: TAT SON/VNP

 

Desde la distancia, el puente Long Bien semeja una esbelta franja de acero tendida sobre la inmensidad del río. Sus tramos presentan una estructura firme y, a la vez, elegante de la arquitectura europea de finales del siglo XIX. La construcción del puente comenzó en 1898 y finalizó en 1902, diseñado y realizado por la empresa francesa Eiffel. Con una longitud de más de 1 600 metros y 19 tramos de vigas de acero, Long Bien fue considerado en su momento una hazaña de la ingeniería y el primer puente de acero en cruzar el río Rojo en Hanói.

En aquella época, la vía ferroviaria discurría por el centro del puente, mientras que los dos lados estaban destinados a los peatones y a los vehículos de tracción rudimentaria. Los trenes que circulaban día y noche sobre el río, junto con el flujo de personas y los vendedores ambulantes con sus cargas al hombro, configuraban una imagen singular de Hanói durante los primeros años de su urbanización. 

Atardecer en la vía tricentenaria. FOTO: TAT SON/VNP
El puente Long Bien, el primero de estructura metálica en cruzar el río Rojo en Hanói, es considerado un testigo de la historia, vinculado a las grandes transformaciones de la capital a través de tres siglos FOTO: TRAN THANH  GIANG/VNP

 

Pero Long Bien no solo narra la historia de un puente. Cada tramo de acero conserva también las huellas de una etapa de la historia de Vietnam. La obra fue testigo de los días gloriosos de la nación durante la Revolución de Agosto y de los primeros días de la independencia.

El 2 de septiembre de 1945, el puente fue una de las vías por las que la población llegó a Hanói para asistir a la ceremonia del Día de la Independencia en la plaza de Ba Dinh. En octubre de 1954, volvió a ser testigo de un momento histórico: la retirada de los últimos soldados coloniales de la ciudad, mientras las tropas vietnamitas entraban en la capital para asumir el control de su administración.

Durante los años de la guerra de resistencia contra las fuerzas invasoras, Long Bien se convirtió en una importante ruta de transporte y en objetivo de numerosos bombardeos. Algunos tramos fueron destruidos, pero fueron reparados y reconstruidos en medio del humo y el fuego de la guerra.

Los encargados de proteger el puente y los trabajadores que día y noche reparaban los daños causados por las bombas contribuyeron a mantener ininterrumpido el flujo del transporte.

 

Los trenes siguen circulando actualmente por el puente Long Bien, con algunos servicios de pasajeros en la ruta Hanói-Hai Phong. FOTO: TAT SON/VNP
Actualmente, el puente Long Bien permite la circulación en ambos sentidos para motocicletas, vehículos no motorizados y peatones. FOTO: TAT SON/VNP
Visitantes extranjeros en el puente Long Bien. FOTO: TAT SON/VNP

 

Quizás por ello, Long Bien ha quedado grabado en la memoria de los habitantes de Hanói, no solo por los grandes acontecimientos, sino también por imágenes de la vida cotidiana: el sonido de las locomotoras resonando sobre el río, los vendedores ambulantes con sus mercancías al amanecer, los pasos de los transeúntes y los vehículos que avanzan lentamente por la vía.

El transcurso del tiempo ha transformado la ciudad. Han ido surgiendo nuevos puentes modernos y las nuevas zonas urbanas se han expandido hacia el río. Sin embargo, Long Bien conserva su singular fisonomía. Desde allí se puede contemplar una Hanói de múltiples estratos: el casco antiguo, con sus tejados apiñados; el río, que se extiende a lo ancho; el exuberante islote central y una ciudad que no deja de transformarse.

Después de más de 120 años, el puente se ha deteriorado y ha sido reparado en numerosas ocasiones. Por ello, los debates sobre su conservación y restauración han suscitado un interés cada vez mayor. Los expertos consideran necesario reconocer el puente como un patrimonio urbano en el que convergen valores arquitectónicos, históricos y culturales, así como la memoria colectiva. Porque Long Bien no se limita a unir las dos orillas del río Rojo. El puente une a las distintas generaciones de habitantes de la capital, conecta las historias de la guerra con el ritmo de la vida actual y enlaza el pasado de una metrópoli que ha atravesado numerosas transformaciones con su mirada hacia el futuro.

 

El vibrante jardín de flores al pie del Long Bien compone una estampa poética y apacible. FOTO: TAT SON/VNP

 

Cada vez que un tren avanza lentamente por el puente, sus estructuras de acero vibran. Bajo sus pies, el río Rojo continúa fluyendo incansablemente. Y sobre sus tramos, marcados por el paso del tiempo, el recuerdo de la Hanói de antaño parece seguir presente./.

Por VNP/Tran Thanh Giang - Fotos: Tat Son y Tran Thanh Giang


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