Los registros históricos indican que, desde la época colonial francesa, la sal de Sa Huynh se convirtió en un producto muy apreciado en Europa. En ese entonces, grandes cantidades eran transportadas hacia la metrópoli. Hoy, esos mismos cristales de sal —a veces “dulces”, a veces “amargos”— siguen siendo fruto de los salineros del barrio de Pho Thach (Quang Ngai), quienes preservan y desarrollan una actividad transmitida de generación en generación.
Los registros históricos indican que, desde la época colonial francesa,
la sal de Sa Huynh se convirtió en un producto muy apreciado en
Europa. En ese entonces, grandes cantidades eran transportadas hacia
la metrópoli. Hoy, esos mismos cristales de sal —a veces “dulces”,
a veces “amargos”— siguen siendo fruto de los salineros del barrio de Pho Thach (Quang Ngai), quienes preservan y desarrollan
una actividad transmitida de generación en generación.
El nombre Sa Huynh proviene originalmente de “Sa Hoang”, que
significa “arena dorada”. A diferencia de otras zonas costeras,
allí esas particulas poseen un brillo característico. Según los
habitantes mayores, la denominación cambió para evitar coincidir
con el nombre del señor Nguyen Hoang durante la dinastía Nguyen.
Fue también en ese periodo cuando Sa Huynh adquirió importancia
estratégica en la defensa marítima y la producción de sal comenzó a consolidarse. La sal no solo abastecía a las provincias
del centro, sino que también cruzaba el paso de An Khe hacia la
Altiplanicie Occidental.
Diversos estudios sostienen que los franceses estructuraron las salinas de Sa Huynh siguiendo modelos similares a los de Europa. Durante la
colonización, su explotación estuvo estrictamente controlada: la sal se transportaba por carretera y
ferrocarril, y se exportaba como un producto valioso bajo monopolio
colonial, con volúmenes de hasta 7 000 toneladas anuales. Toda
actividad independiente era considerada ilegal. Según los documentos
conservados en la Escuela Francesa del Lejano Oriente, la sal de Sa
Huynh fue conocida como el “oro blanco” de An Nam.
En la actualidad, las salinas de Sa Huynh, en el barrio de Pho Thach, reúnen a unas 550 familias con cerca de 2
000 personas dedicadas al oficio salinero. Con más de 120 hectáreas de extensión, la producción anual oscila
entre 8 000 y 9 000 toneladas, concentrándose la temporada entre
marzo y septiembre.
Las condiciones naturales favorecen esta actividad: la elevada salinidad
del mar y el ritmo de las mareas determinan el trabajo diario. Se
trata de un oficio exigente, que obliga a laborar durante largas
horas bajo el intenso sol del centro de Vietnam.
A lo largo del tiempo, la actividad salinera en el lugar ha atravesado numerosos altibajos. Hubo etapas en que la
localidad era conocida como el “pueblo de la sal amarga”, debido
a los bajos ingresos y a la dureza de la vida. La inestabilidad de
los precios y la ausencia de una marca reconocida agravaban aún más
las dificultades.
Un punto de inflexión se produjo el 17 de septiembre de 2011, cuando la
marca “Muoi Sa Huynh” fue registrada oficialmente. A partir de
entonces, los productores comenzaron a modernizar el proceso,
introduciendo métodos como la cristalización sobre lonas o
superficies de cemento, en sustitución del suelo tradicional. Hoy,
las salinas forman parte del espacio cultural de Sa Huynh.
Sin embargo, durante los años de la pandemia de COVID-19, los salineros
vivieron uno de los periodos más difíciles: la sal no encontraba
compradores. Fue solo a partir de 2023, con la recuperación
económica y la entrada en vigor de acuerdos comerciales, cuando la
sal de Sa Huynh pareció “despertar” tras un largo lapso de
estancamiento.
Los montículos de sal se agrupan a lo largo de la vía principal de acceso a las salinas para su posterior venta a comerciantes. Foto: Trinh Bo/VNP
Según el salinero Nguyen Quyen, este renacer se debe en parte a condiciones
climáticas favorables, con más días de sol y menos fenómenos
extremos. Por su parte, Tran Thi Phuc señala que el precio de la sal
ha aumentado hasta los 2 500 dongs por kilogramo, cinco veces más
que el año anterior.
Este año, los esfuerzos de los productores han sido recompensados con
precios récord. En su punto máximo, a principios de marzo, la sal
se compraba directamente en las salinas a 2 500 dongs por kilogramo,
el nivel más alto en una década. No obstante, el desafío persiste:
los salineros siguen dependiendo de los intermediarios para fijar los
precios. Cuando la producción disminuye, los precios suben; pero en
épocas de abundancia, vuelven a caer, reproduciendo un ciclo que aún
no ha sido resuelto./.
- Por: VNP/Tran Hieu
- Fotos: Trinh Bo