La aldea artesanal de escultura en madera de Bao Ha es reconocida desde hace siglos como uno de los centros más emblemáticos de estatuaria tradicional del norte de Vietnam.
Ubicada en la comuna de Dong Minh, ciudad de Hai Phong, la aldea artesanal de escultura en madera de Bao Ha es reconocida desde hace siglos como uno de los centros más emblemáticos de estatuaria tradicional del norte de Vietnam. En la actualidad, los jóvenes artesanos locales no solo preservan con tesón este oficio ancestral, sino que innovan de forma continua para proyectar al ámbito internacional obras de alto valor artístico y cultural.
Según fuentes historiográficas, el arte de la escultura en madera en Bao Ha cuenta con una trayectoria centenaria, estrechamente ligada al ilustre maestro Nguyen Cong Hue, venerado como el patriarca de la estatuaria tradicional vietnamita. De una comunidad netamente agrícola, Bao Ha se transformó paulatinamente en un epicentro de artífices virtuosos, cuyas creaciones engalanan numerosos templos, pagodas, santuarios y monumentos patrimoniales a lo largo de todo el país. Las efigies de Buda, deidades tutelares, personalidades históricas y criaturas míticas, concebidas por la destreza de los escultores de Bao Ha, no solo poseen una notable excelencia estética, sino que reflejan con fidelidad la profundidad cultural y las devociones espirituales del pueblo vietnamita.
El artesano To Huu esculpe con esmero una imagen búdica en su taller, dando continuidad al legado histórico de Bao Ha.
Para culminar una escultura de madera, el artesano atraviesa un riguroso proceso técnico. Todo inicia con la selección meticulosa de la materia prima: maderas nobles de alta durabilidad, resistentes a la deformación y capaces de conservar la nitidez de los trazos a través del tiempo. Tras el desbaste inicial del bloque, se define la volumetría general antes de proceder a la talla minuciosa de facciones, pliegues del ropaje, manos y motivos ornamentales. Tan solo infundir la expresión y el aura espiritual al rostro exige años de pericia y una depurada sensibilidad, al constituir el elemento determinante de la vitalidad de la obra.
Tablilla horizontal lacada y dorada (hoanh phi) recién concluida, distinguida por sus refinados altorrelieves.
En los talleres de Bao Ha, el repiqueteo acompasado de gubias y mazos resuena sin cesar día tras día. Los artífices trabajan con paciencia sobre grandes bloques de madera, perfeccionando cada línea. La elaboración de una pieza puede tomar desde unos pocos días hasta meses o incluso un año entero, según sus dimensiones y exigencias técnicas. Cada obra lleva la impronta irrepetible de su creador, de modo que, aun compartiendo un mismo modelo iconográfico, no existen dos piezas idénticas.
En la actualidad, a la par de los avances técnicos, diversos talleres han incorporado maquinaria moderna para optimizar fases preliminares como el corte, el dimensionado básico o el lijado de superficies. Sin embargo, las etapas cruciales del tallado y la policromía continúan ejecutándose de forma estrictamente manual, momento en el que el artesano vuelca su experiencia, emotividad y creatividad en la materia. Este factor confiere a las esculturas de Bao Ha una distinción y autenticidad incomparables frente a la manufactura seriada industrial.
Más allá de preservar las
líneas devocionales, los artesanos de Bao Ha han diversificado activamente su
catálogo para responder a las demandas del mercado contemporáneo. Junto a la
imaginería sacra, producen figuras ornamentales, bustos y efigies
conmemorativas, criaturas mitológicas según el feng shui y piezas
de diseño para interiores. Esta versatilidad permite al oficio adaptarse con
dinamismo a las tendencias del mercado, generando empleo estable e ingresos
sostenibles para la comunidad local.
Un valor primordial de
Bao Ha reside en la continuidad generacional. En las familias de tradición
escultórica, los niños se familiarizan desde temprana edad con las herramientas
del oficio, aprendiendo a interpretar las vetas de la madera bajo la guía de sus
mayores. Asimismo, numerosos jóvenes que cursaron estudios o trabajaron fuera
de la localidad regresan a su tierra natal para tomar el relevo patrimonial,
salvaguardando los saberes forjados por sus ancestros.
Esculturas en fase de desbaste volumétrico preparadas para las etapas de acabado de superficie, lacado y policromía.
Aparte de su relevancia
económica, la aldea de Bao Ha encierra un profundo significado cultural. Cada
escultura constituye una síntesis de técnica, estética y universo espiritual de
la nación vietnamita, razón por la cual esta artesanía es considerada un
patrimonio de primer orden que amerita ser preservado y promovido en el
contexto contemporáneo.
En el marco del auge del
turismo vivencial, Bao Ha ostenta un elevado potencial de desarrollo. Los
visitantes no solo recorren los talleres para apreciar el proceso de
elaboración, sino que también interactúan con los maestros artesanos,
conociendo la historia comunitaria y la dedicación plasmada en cada pieza. Esta
vertiente potencia la difusión del patrimonio cultural y dinamiza el desarrollo
sostenible del oficio.
Conjunto de imaginería sacra en la pagoda de Bao Ha, conservado, restaurado y enriquecido a lo largo de los siglos por los artífices del lugar.
Altar mayor del santuario de Bao Ha consagrado al Santo Linh Lang Dai Vuong, con su efigie principal.
Frente a las
transformaciones de la modernidad, los artesanos de Bao Ha continúan
custodiando con pasión y constancia su legado histórico. De bloques inertes de
madera emergen obras que encarnan el alma y la identidad nacional. Cada golpe
de gubia y cada trazo no solo forjan una escultura, sino que perpetúan la
memoria viva de un pueblo artesanal ligado indisolublemente a la tierra de Hai
Phong a lo largo de los siglos./.
Por VNP/Cong Dat - Fotos: Thong Thien, Trinh Bo y Cong Dat/VNP